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Río Cutuchi

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Latacunga y Guayaquil, más cerca para fomentar el turismo interno PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Redacción Cotopaxinoticias.com   
Miércoles, 07 de Septiembre de 2011 10:00

Guayaquil. Luego de casi 40 minutos de vuelo desde el Aeropuerto Cotopaxi, de Latacunga, aparece ante los ojos de los pasajeros una llanura extensa que se ofrece en tonalidades de verde y marrón. Es la planicie donde se asienta la ciudad de Guayaquil. Desde lo alto se aprecian los pronunciados garabatos que marcan los circuitos fluviales de los ríos Babahoyo y Guayas. El incremento en la temperatura se siente a medida que la aeronave desciende, causando un leve vértigo en el abdomen de los tripulantes inexpertos.


El halo cálido del Puerto Principal da la bienvenida a los visitantes. Fuera del Aeropuerto José Joaquín de Olmedo hay una ciudad que espera ser visitada, apreciada y recordada. Acompañados por la brisa de río, los turistas llegan al Parque Histórico de Guayaquil, lugar hito de la ciudad donde cerca de ocho hectáreas, fragmentadas en tres fases, busca ofrecer de modo comprimido la esencia guayaquileña.

Entre bosque húmedo y fauna

La etapa correspondiente a vida silvestre presenta la flora y fauna de los bosques húmedos tropicales. Durante el recorrido se aprecian aproximadamente 200 especies de animales. En los verdes ramales tambalean loros y papagayos. Lo exótico de mangle se muestra con sus raíces que nacen en los tallos y descienden hasta tocar el suelo y arraigarse en el oscuro fango. En medio de la humedad del suelo, y confundiéndose con el color propio del manglar, cientos de cangrejos violinistas se mueven inquietos –aunque casi invisibles- entre el chocolatoso barro; sólo su pata rojiza permite apreciar, en segundos, la agilidad con la que se mueven estos crustáceos.


Los ruidos de las aves y animales que habitan en este espacio se confunden entre la vegetación para acompañar el transitar de los visitantes, quienes cautivados por lo experimentado por sus sentidos, únicamente se dejan llevar lento por un puente de madera que se abre camino entre las plantas. En ese mismo fragmento del parque es posible tener un acercamiento a las culturas precolombinas que se asentaron en las costas ecuatorianas. En medio de la riqueza cultural que sus vestigios dejaron para la posteridad, la cocha spondylus, conocido antiguamente como Mullu, se destaca entre la explicación ofrecida por el guía. “Esta concha era usada como un indicador del clima”, señala y añade que los antiguos habitantes costaneros conocían de la llegada del fenómeno de El Niño por la variación del color de la concha.

El malecón 1900

Algo distante se escucha la voz de Julio Jaramillo entonando “Sendas distintas”, es el anuncio para adentrase en lo que es la representación del Guayaquil del siglo XIX e inicios del XX. Un pequeño tranvía urbano marca el punto de entrada al Malecón 1900. Las edificaciones de este lugar, según explica el guía, fueron desarmadas en su lugar de origen para ser trasladadas por piezas hasta este parque, donde fueron rearmadas y ahora se exhiben de modo permanente. Entre esas infraestructuras se destaca el imponente edificio del Banco Territorial, una de las primeras entidades financieras que operó en Guayaquil hace más de un siglo. Los portones del edificio conservan el detalle de su tallaje, al igual que los barrotes que protegen las ventanas y las baldosas crema y concho de vino que recubren el pasaje de entrada.

Algunas de las edificaciones fueron inauguradas en 2004, pero hay varias que aún están siendo armadas para concluir con lo contemplado en el proyecto inicial.

Campesinos, hacienda y amorfinos

Por un sendero pequeño se llega a la casa de Blanquita y Fortunato, un matrimonio típico del campo costanero. La construcción en la que habitan estos personajes es una réplica de la vida del campesino costeño. En alargados y gruesos tallos de caña guadua se asienta la parte habitable de la vivienda, cuyo techo está cubierto por las hojas secas de la planta de paja toquilla y a su alrededor hay plantaciones de banano, yuca, cacao, caña de azúcar, así también gallinas criollas se pasean en sus corrales.

La mujer de la casa espera la llegada de su marido, quien salió a cumplir sus labores agrícolas. A su retorno, con machete en mano, sombrero y camisa blanca, en medio de la picardía propia de la tradición oral montubia, los esposos participan de un duelo de amorfinos que provocan risas en los presentes.

“Cuando veo mujer bonita / mi corazón tumba que tumba / porque la mujer más linda / viene de Latacunga”, dijo Fortunato, halagando la presencia de una de las visitantes.

El guía explica que si bien el origen de esta composición lingüística popular tuvo por objeto enamorar a la pareja, también se usó para la resolución de conflictos entre vecinos. Sin embargo, lamenta que esa tradición oral esté en peligro de desaparecer y lamenta aún más que los amorfinos, que son parte de la identidad montubia, se vean ridiculizados en programas televisivos que no enaltecen esta cultura sino que la muestran de forma “ordinaria”.

Más adelante se puede visitar una casa de hacienda donde se intenta mostrar la influencia de la cultura francesa en el estilo arquitectónico de la vivienda y la forma de vestir de los dueños de la propiedad. Grandes sacos de cacao reposan en el zaguán de la casa, junto a una balanza, instrumentos que ilustran la época de auge económico que vivió Guayaquil por la comercialización del cacao.

Los visitantes pueden apreciar este show de miércoles a domingo durante los recorridos programados por los guías del parque histórico de Guayaquil.

Recorriendo la urbe

En el parque Seminario, más conocido como el de las Iguanas, se observa a curiosos turistas extranjeros que impresionados por la presencia de estos reptiles en este espacio público intentan tocarlos y fotografiarse con ellos. Los lugareños descansan plácidamente en las bancas apostadas al contorno del parque mientras grupos de niños corren en medio de las bandadas de palomas que con avidez vuelan y vuelven a posarse en el piso para comer las semillas que les ofrecen los visitantes.

Frente a este parque está la Catedral de Guayaquil, una imponente construcción con arquitectura gótica. En su interior se exhibe un grabado en el que se muestra el antiguo Guayaquil, antes del funesto incendio que consumió casi el 80 por ciento de la ciudad en 1896. Según el guía, esta es la razón por la que esta ciudad porteña no posee centro histórico, pues las casas de mangle, roble o caña que habrían constituido a la postre el patrimonio arquitectónico de la urbe fueron consumidas en el referido incendio.

Guayaquil desde el cerro

Las escalinatas del cerro Santa Ana, ubicado en el sector de Las Peñas, es uno de los lugares emblemáticos de la ciudad, pues allí se conserva la cruz con la que se fundó la ciudad Santiago de Guayaquil. Este sector fue sometido a un proceso de regeneración urbana que ha complacido a propios y extraños, pues el colorido de las casas que circundan las escalinatas ofrecen un ambiente de armonía a los transeúntes.

En las paredes exteriores de las casas se muestra una fotografía del aspecto antiguo que tuvo esa edificación antes de la intervención en la fachada, como una muestra del trabajo realizado en la recuperación de este sitio tradicional de la ciudad. En este sector se han abierto negocios como tiendas de víveres, bazares, bares, discotecas y restaurantes. Todos estos establecimientos deben regirse a las disposiciones municipales en cuanto al horario para su funcionamiento.

Luego de subir 444 escalones, los visitantes llegan a la cima del cerro donde está la plaza de El Fortín. En este lugar se halla la réplica del primer faro construido en la época de la Colonia, en 1778. Este faro sirvió de guía para las embarcaciones que ingresaban a Guayaquil desde el Océano Pacífico. Desde este lugar y durante todo el trayecto de ascenso se aprecia de modo panorámico el aspecto del Guayaquil moderno. Grandes edificios despuntan y las luminarias públicas empiezan a parpadear anunciando la llegada de la noche. El atardecer guayaquileño brinda una caricia a la mirada. El anaranjado ocaso y la brisa de río despiden a los visitantes arrancándoles la promesa de volver.

Para tomar en cuenta

> Desde el 1 de septiembre, Saéreo, implementó vuelos de ida y vuelta entre Guayaquil y Latacunga.

> Los interesados en viajar al Puerto Principal deben reservar su boleto en agencias de viajes de la ciudad de Latacunga o acercarse a las oficinas de la aerolínea en el Aeropuerto Cotopaxi.

> El vuelo de la mañana sale de Latacunga a las 09:00 y el de retorno desde Guayaquil es las 19:00.

> La ruta Guayaquil-Latacunga-Guayaquil, de ida y vuelta el mismo día,  se ofrece de lunes a viernes. El sábado solo hay un vuelo, en la mañana.

> El costo del boleto promocional de ida y vuelta es de USD 82,08 y estará vigente todo septiembre, durante el vuelo de la noche.

> El costo normal del pasaje de ida y vuelta es de USD 142,00.

> Niños y personas de la tercera edad tiene un descuento del 50 por ciento en los costos de pasajes.

> El recorrido fue brindado por Planeta Tour.

Latacunga y Guayaquil, más cerca para fomentar el turismo interno
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